Ayer estuve destilando odios varios y muy fuertes. En particular porque el día lunes tuvo una de esas frutillas de postre que no te esperás y que son el punto de sobre saturación de la sobre saturación.
Cruzo del lado de la vía donde pasa el tren a Retiro. Como eran las 20:10 hs, todavía la ventanilla iba a estar abierta de ese lado porque hasta las 20:30 hs está abierta. Llego a la ventanilla (a merced de que nunca me pidieron boleto igual lo saco no sé si por responsable, miedosa o boluda) y el cartel "Ventanilla cerrada" me indicaba que iba a tener que volver a cruzar las vías, con lo que eso implica: subir y bajar 3 escaleras. Doy la vuelta, llego a la otra ventanilla y entablamos el siguiente diálogo (o discusión) con el boletero:
Yo: A Carranza por favor
Boletero: Del otro lado
Yo: Vengo del otro lado, está cerrada la ventanilla
Boletero: Está abierto del otro lado.
Yo: Acabo de venir de ahí, perdí un tren porque esa ventanilla está cerrada
Boletero: La ventanilla está abierta así que vaya del otro lado
Yo (a los chicos que piden los boletos a la salida del anden y en un tono más que alto): Le pueden decir al boletero que la ventanilla del otro lado está cerrada.
(Una de las chicas se fija la hora y se acerca a la ventanilla, mientras uno de los chicos se fija y grita: Está cerrada, avisale que está cerrada la boletería de enfrente).
Yo (en estado ya histérico): Vio que no soy pelotuda, señor, que la ventanilla estaba cerrada. A Carranza por favor.
5 minutos después (se tomó su tiempo el tipo), me fui de la ventanilla con mi boleto a volver a cruzar las vias y a subir y bajar escaleras.
Era como que todo lo malo que podía pasar en ese día, pasó, y encima el boletero es un pelotudo.
miércoles, 16 de abril de 2008
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