Perdoná la estupidez de mi persona.
Perdoná mi corazón corpichoso, mi alma aventurera.
Perdoná el impulso de mi corazón.
Perdoná que te quiera con tanto amor.
Perdoná el silencio en mis palabras al decir que te amo, la ingenuidad de mi comportamiento al demostrar tanto amor, tanto afecto, sin saberlo expresar, siendo sincero con el corazón sin que me interrumpa la razón de que vos no estás y no estarás y todo este deseo es un sueño donde tu sombre se acuesta en la cama por las noches y en las oscuridad de mi cuarto se queda entre el colchón y la almohada dejando su tibia ausencia por la mañana.
Y después recibí este (como una hora después de muchos más mensajes intercambiados)
Jamás puse en duda tus palabras se la clase de mujer que sos. Yo como idiota no supe entender eso en su momento y por ello hoy no te tengo a mi lado.
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